El Necaxa de la temporada 1994-1995. Parte II.

By Leonard H. Waldman
In Fútbol Mexicano
enero 17, 2013
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Tras una extraordinaria primera vuelta, el Necaxa de Manuel Lapuente esperaba iniciar 1995 con el pie derecho. Sin embargo, el Día de Reyes cayó 2-1 con Puebla en el Estadio Azteca, en lo que fue apenas su segundo descalabro en seis meses. No fue más que un aviso, pues los Rayos recuperaron el paso en las siguientes jornadas, ganando tres partidos al hilo, incluyendo una masacre por 6-0 al Monterrey en el Coloso de Santa Úrsula. Ricardo Peláez convirtió un triplete en ese duelo.

Todo parecía pintado para que los Rayos pelearan el liderato general. No obstante, una serie de resultados negativos hicieron que Necaxa cayera hasta el cuarto lugar. De las jornadas 24 a la 28 acumuló cinco empates, y luego se pasó siete partidos al hilo sin ganar (jornadas 31 a 38), incluyendo una racha de tres derrotas al hilo y una tremenda goleada de las Chivas del Guadalajara de Alberto Guerra.

Necaxa sólo ganó cinco encuentros en esa segunda vuelta y cerró la temporada regular con una tendencia muy negativa. El último partido, ante T.M. Gallos Blancos, que perdieron los rojiblancos por 3-2, es recordado por una escena muy triste. Marcial Mendoza, defensor de los Rayos, fracturó a Arturo Chávez, dejando la pierna del atacante gallo completamente volteada… una oleada de terror recorrió la cancha del Azteca; el mismo Ricardo Peláez se tomaba la cabeza por el impacto de la imagen. Mendoza fue expulsado, obviamente.

Así pues, Necaxa llegaba a la liguilla sin ser el favorito. Su cierre de temporada había sido terrible en todos los sentidos. Manuel Lapuente, sin embargo, comenzó a trabajar en lo táctico y mental. El entrenador de la boina tuvo 11 días para regresar a los Rayos a su mejor nivel. Parecía una misión complicada, especialmente por los equipos que disputarían el título. La clasificación quedó así:

1.- Guadalajara. Las “Chivas Rayadas” llegaban con el mote de Súper Chivas bajo el mando de Alberto Guerra. Líderes generales, los tapatíos eran claros favoritos al título por ser bastante equilibrados, con la mejor defensa del torneo y el tercer mejor ataque. Contaban con jugadores como Nacho Vázquez, Daniel Guzmán, Misael Espinoza y Carlos Turrubiates.

2.- América. El equipo azulcrema increíblemente había despedido al holandés Leo Beenhakker. Su lugar era ocupado por Mirko Jozic, croata famoso por haber llevado a Colo-Colo a la cumbre del fútbol sudamericano. Pese a que ya no eran el equipo espectacular que llegaron a ser, contaban con jugadores de la talla de Biyik, Zague, Kalusha y Luis García.

3.- Cruz Azul. Equipo que había ido de menos a más, los celestes entraban a la liguilla como el equipo más goleador con 91 tantos, y tenía al máximo romperredes, Carlos Hermosillo, quien había anotado 37 tantos en el torneo. Los azules dirigidos por Luis Fernando Tena, lucían incluso más fuertes que el América según analistas de aquella época.

4.- Necaxa. Pese a llegar en mal momento, el equipo rayo estaba bien dirigido por Manuel Lapuente y contaba con jugadores de mucha calidad calidad: Sergio Zárate, Ivo Basay, Ricardo Peláez, Álex Aguinaga y Alberto García Aspe. Además, los 11 días de descanso habían sido suficientes para volver a los conceptos básicos, esos que los hicieron el equipo más sólido por varias jornadas.

5.- Tecos de la UAG. Los campeones nunca pueden ser descartados. El equipo de Víctor Manuel Vucetich mantuvo la base del campeonato. Pese a su irregularidad, eran peligrosos, en especial con su ataque comandado por Osmar Donizete.

6.- Universidad Nacional. Los Pumas eran un equipo bastante joven, que había madurado a lo largo del torneo y tenía sólo una derrota en los últimos 17 encuentros. Nadie quería toparse con los “niños” comandados por Ricardo Ferretti. La “veteranía” de ese equipo corría a cargo de Jorge Campos y Claudio Suárez, líderes de los universitarios.

7.- Puebla. Alfredo Tena había logrado dar a su equipo un equilibrio al final de una temporada muy complicada y consiguió meterlos a la liguilla. Pese a tener buenos jugadores, como Pimentel y Rotllán, nadie esperaba mucho de ellos porque se toparían con América.

8.- Santos Laguna. Finalistas del torneo anterior, los laguneros entraban como novenos generales. Por una situación de grupos, dejaron fuera al Veracruz, que había terminado mejor que ellos.

Necaxa, pues, se toparía con los Tecos de la UAG. Pese al mal cierre, los pronósticos favorecían claramente a los capitalinos. El primer juego, celebrado el 18 de mayo de 1995 en la cancha del Tres de Marzo, fue duro, trabado y muy disputado en medio campo. Los necaxistas se adelantaron al minuto 33 por conducto de Ivo Basay. Tecos se lanzó al ataque y estuvo cerca de empatar, pero Hugo Matos falló un penalti al minuto 54 y la suerte del equipo zapopano estuvo echada cuando Alberto García Aspe convirtió desde los 11 pasos al 71′.

La vuelta fue jugada el domingo 21 de mayo en la cancha del Estadio Azteca. Necaxa dio cuenta de los Tecos por 2-1. Ignacio Ambriz adelantó a los Rayos con un buen gol al 57′. Felipe del Ángel Malibrán empató las cosas quince minutos después, pero Necaxa durmió el balón e impuso su ritmo para obligar a los Tecos a abrirse y dejar espacios. Así fue como José María Higareda anotó el 2-1 a dos minutos del final y sentenció la eliminatoria.

A semifinales pasaron los 4 primeros de la tabla. Por lo tanto, Necaxa tuvo que medirse al líder general Guadalajara. Pese a que la gente vaticinaba un triunfo del Rebaño, lo cierto es que Santos Laguna había puesto cuesta arriba las cosas para los tapatíos en cuartos de final, que avanzaron con global de 3-3; esto daba cierto margen de maniobra táctica a Lapuente. Los Rayos habían recuperado su solidez defensiva, mientras su rival había pasado ciertos apuros.

La noche del miércoles 24 de mayo, Necaxa recibió a Guadalajara en el estadio Azteca. Los Rayos intentaron proponer el  encuentro, pero también tomaron precauciones conociendo la peligrosidad de sus oponentes. El duelo fue muy cerrado y con escasas emociones terminando con un 0-0 que daba ventaja a las Chivas. Sin embargo, un gol de Necaxa les pondría las cosas muy complicadas por el tanto de visitante.

El mediodía del domingo 27 de mayo de 1995, el estadio Jalisco se visitó de manteles largos para la celebración dela semifinal de vuelta. Necaxa pronto comenzó a aguar la fiesta tapatía, pues a las primeras de cambio, Alberto García Aspe puso el 1-0 en favor de los entonces capitalinos.  Guadalajara no cayó en pánico y se lanzó con furia, pero también orden, al ataque. Los de Guerra vieron recompensado su esfuerzo al 22′, cuando llegó el empate por conducto de Manuel Martínez.

A partir del empate chiva, los necaxistas se vieron atacados por todas partes. Parecía cuestión de tiempo para que Guadalajara diera la vuelta y avanzara a la añorada final. Sin embargo, la defensa necaxista soportó los embates, y creó peligro con base en contragolpes. La orden de Lapuente era clara: mantener el orden defensivo y buscar aniquilar a las Chivas en una contra. Los ingresos de Zárate y Sol por Peláez y Aguinaga eran muestra de esa estrategia, que rindió frutos. Los tapatíos se desesperaron, no tuvieron profundidad y terminaron eliminados de forma dramática.

Por vez primera en su retomada historia, Necaxa avanzaba a una final. Manuel Lapuente lo había hecho de nuevo, tal como con Puebla… levantar a un equipo que siempre se quedaba en la orilla para llevarlo a la antesala del título. Los equipos de Manolo casi nunca son espectaculares, salvo aquellos camoteros de la 1989-199o. Casi siempre privilegian el orden defensivo. Así era este Necaxa, ordenado y letal al ataque.

Su rival en la finalísima sería Cruz Azul. El equipo cementero había avanzado casi milagrosamente de cuartos dejando fuera a Pumas por posición en la tabla, en un polémico y dramático final donde el argentino Julio Zamora falló un penalti cuyo rebote fue tomado por José Castañeda para anotar el tanto del empate global que les daba el pase, pese a que reglamentariamente el partido debió terminar tras el cobro de Julio; luego, en semifinales dieron cuenta del América de Jozic por global de 3-2 con grandes actuaciones de Octavio Mora, Pintado y Hermosillo.

Ambos equipos jugaban como locales en el Azteca, pero los cementeros contaban con una afición mucho más numerosa; Necaxa jugaría dos partidos siendo el visitante.

El jueves 1 de junio, Necaxa recibió administrativamente al Cruz Azul ante un lleno total; las tribunas del Azteca estaban pintadas de azul. El equipo rojiblanco alineó con Navarro, Vilches, Herrera, Becerril, Higareda, Aguinaga, García Aspe, Esquivel, Peláez, Basay y Hernández. Ingresarían de cambio Edson Alvarado y Manuel Sol por Higareda y Aguinaga.

Los Rayos comenzaron a tambor batiente, y al minuto 21 se pusieron al frente mediante un testarazo de Ivo Basay. Al filo del descanso, Hermosillo empató las cosas. El marcador ya no se movería. 1-1 final y todo se resolvería en esa misma cancha, con Cruz Azul como local administrativo y el gol de visitante en su favor. Parecía todo pintado para que los cementeros levantaran su octavo título, algo que les urgía, pues tenían 15 años sin ser campeones.

La vuelta se jugó la tarde del domingo 4 de junio. Necaxa salió prácticamente igual, pero una pieza del rompecabezas regresaba para dar solidez a la defensa: Ignacio Ambriz, quien había sido expulsado en la vuelta de las semifinales. Fue el único cambio respecto a la ida, Ambriz por Luis Hernández.

El partido comenzó parejo, pero pronto los necaxistas comenzaron a ganar terreno. Cruz Azul se vio empujado hacia atrás hasta que al minuto 29, una enorme jugada de triangulación entre García Aspe, Peláez y Aguinaga fue resuelta por el ecuatoriano, que todavía se dio el lujo de bailar al portero Norberto Scoponi antes de resolver.

Cruz Azul comenzó a desordenarse tras ese gol, pues la defensiva del rival era dura; además de ello, debían cuidarse de los contragolpes. La expulsión de José Luis Sixtos al minuto 69 fue determinante para terminar de cavar la tumba de los cementeros.

Al minuto 83, Ivo Basay tomó un balón a las afueras del área y lo colocó abajo y a la izquiera de la portería de Scoponi. Era el 2-0. La minoría Necaxista, compuesta por unas 5,000 personas, vivió un júbilo total. ¡Los otrora electricistas eran campeones!

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